A Manuel, Candelaria e Ignacio


Con el deseo que el conocimiento de los buenos actos de sus antepasados sean los cimientos de sus vidas.






















Antonio Colomé y Tubao

(1866-1955)

MI ABUELO ANTONIO


La historia de mi familia en Argentina se inicia en la penúltima década del siglo XIX, cuando llega Antonio Colomé y Tubao a Buenos Aires.


Antonio era hijo de una familia catalana oriunda de “El Baell”, un pequeño pueblo en la provincia de Gerona, España.


La Argentina, hacia 1880, estaba viviendo una etapa de crecimiento y cambios. El grupo político que dirigía el país por ese entonces, la llamada ”Generación del 80”, tenía como meta transformar y modernizar el país de acuerdo al modelo en boga en Europa, lo que implicaba el desarrollo y poblamiento de la pampa argentina. (1)


Por ello, Antonio Colomé, tentado como muchos otros españoles por la propaganda que el gobierno argentino realizaba acerca de los beneficios y riquezas de estas tierras, decidió embarcarse hacia Argentina.


Su condición de “segundón” hacía que tuviera pocas perspectivas para dirigir las actividades de la familia y en caso de permanecer en España, sabía que debería cumplir con un servicio militar de cinco años.


Como las leyes que regulaban el ingreso de los inmigrantes fomentaban la instalación en el país de familias completas, entonces Antonio, que era el único de su familia interesado en emigrar, (2) buscó a un matrimonio que no tenía hijos y así, con la identidad de ellos se embarcó hacia Argentina.


En España dejaba además de sus padres y hermanos, a su novia, con la promesa de volver para llevarla también al nuevo mundo.


Cuando arribó al país se contactó con compatriotas conocidos ya de España, que se habían asentado en la ciudad de Córdoba, (3). Se trataba de la familia Ferreras, con quienes mantuvo una amistad a lo largo de su vida que fue continuada por sus hijos y nietos. (4)



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1) El propósito de la “elite” gobernante era fomentar la inmigración europea, sobre todo la anglosajona, ya que se consideraba una raza de óptimas cualidades, pero quienes más se interesaron por esta propuesta fueron italianos y españoles.


2) Años más tarde llegó un hermano, José, que se instaló en el pueblo de Luque.


3) Una característica de los inmigrantes en nuestro país, fue que aquellos provenientes de una misma región, se dedicaron a igual rubro, por ej. los españoles eran mozos o comerciantes.


4) Recuerdo a “Don Juan Ferreras Henrich”, quien, casi centenario, se hacía presente en las misas que se oficiaban en memoria de algún familiar.


La familia Ferreras tenía un negocio de Ramos Generales en la ciudad de Córdoba. Allí Antonio comenzó a trabajar y a conocer la ciudad. Contaba abuelito (Antonio) que una vez, viendo los cordones montañosos tan cerca, y añorando Los Pirineos, caminó todo un día para conocerlos, pero la distancia era mayor de lo que él calculaba y sólo pudo llegar a Villa Allende.


Ya con un trabajo sólido, decidió volver a España para visitar a su familia y buscar a la novia que había dejado. Al arribar a su pueblo, se encontró con la sorpresa que ésta se había comprometido con otro pretendiente. Emprendió entonces el regreso a Argentina, solo, pero con la firme convicción de instalarse definitivamente en Córdoba, pero ahora en forma independiente. Así abrió un almacén en el entonces llamado “Pueblo Colón” (actual barrio Maipú).


Quizás, con el mismo espíritu de aquellos primeros conquistadores que habían arribado tres siglos antes con el deseo de civilizar, abuelito se contactó con un conocido abogado cordobés, el Dr. Julio Deheza, que poseía tierras al este de la Provincia de Córdoba y ya había realizado las gestiones para la instalación de una colonia (1896),. (5) a la que había denominado “Colonia General Deheza”, (6), luego conocida como “Plaza Deheza” (7).


Cuando se programaba el asentamiento de una colonia, ésta obligatoriamente se planificaba contigua a un ramal de ferrocarril, ya sea construido o solamente proyectado. En el caso de la Colonia General Deheza, la línea férrea uniría los pueblos de Villa del Rosario, Capilla del Carmen, Arroyo de Alvarez, Colonia General Deheza y San Agustín. (8)


A pesar del infortunio amoroso pasado en España, no se desalentó en el deseo de formar una familia que lo ligara definitivamente a estas tierras. Inmediatamente centró su interés en conquistar una catalana que ya conocía a través de compatriotas, (adelantándose a un amigo suyo que también había reparado en esta española).





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5) En el marco de la ley Nacional de Colonias, dictada en el año 1886.


6) En honor a un antepasado del Dr. Julio Deheza, el General que acompañó a José de San Martín durante la Campaña de los Andes.


7) Era común anteponer el término “Plaza” al nombre de las localidades.


8) Inclusive se habían plantado mojones y desmontado parte del tramo que conectaría Villa del Rosario con Capilla del Carmen.


Concepción Buscarons Dolores, había nacido en San Feliú de Ghisiox,(9). Concepción quedó huérfana siendo casi niña y había llegado al país con una hermana mayor casada (10). Por los recuerdos de papá, la abuela era una mujer de mucho carácter, sumamente laboriosa (11) y formó junto con Antonio una familia cimentada sobre principios cristianos y conservadora de las tradiciones hispanas. (12)


Ya casados, se instalaron en la localidad de Arroyito, hasta que pudieron trasladarse a la Colonia General Deheza.


Antonio Colomé fue el primer habitante que llegó a la Plaza (1901), pero rápidamente la Colonia se fue poblando con otros inmigrantes, (13).

Abuelito, inmediatamente se abocó a la construcción de un almacén de ramos generales “El Correo” (14), que comprendía la más variada gama de rubros (15): almacén, verdulería, bazar, tienda, ferretería, implementos agrícolas (arados, maquinarias) sulkys, cereales (16) y hasta una fábrica de soda y gaseosas (17).


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9) Una bella ciudad medieval de Cataluña, en la Provincia de Gerona, sobre la Costa Brava española.


10) Ambos, Concepción y Antonio vinieron en el mismo barco, el 28 de marzo de 1889 (cuando abuelito regresaba de la visita que había hecho a su familia), pero no se conocieron en esa oportunidad. Se casaron en la Iglesia Catedral de Córdoba, donde fueron también bautizados sus hijos mayores Francisco (Paco) y Catalina.


11) Mientras conversaba, tejía sin mirar las medias, con cuatro agujas.


12) Sus hijos aprendieron la lengua catalana.


13) La mayoría de origen italiano, oriundos principalmente de la región del Piamonte y en menor grado español. Se trató de una inmigración espontánea, es decir, que careció de una empresa organizadora.


14) Aparte del almacén, operaban con “Frutos del país” (barraca). Papá contaba que una vez abuelito, de regreso de La Tordilla (localidad al norte de Arroyito), se aventuró a cruzar el Xanaes (actual Río Segundo) con la jardinera cargada de mercaderías para su comercio. De pronto reparó en que venía una creciente, sólo le quedó encomendarse a San Santiago de Compostela, a quien adjudicó el milagro de salvar su vida.


15) El slogan de sus tarjetas de propaganda decía “El Correo: Casa la más antigua de la Colonia”.


16).Que se adquiría de la producción de la Colonia y luego se vendía a corredores que lo negociaban con los molinos o compañías de exportación.


17) Uno de sus nietos, en Córdoba, después de muchos años, cuando ya el negocio había cerrado, le llegó a sus manos un sifón que tenía el logotipo de la·”Fábrica de Soda Colomé”.


La denominación de “El Correo”, obedece a que allí funcionaba la estafeta postal. Don Antonio era el Jefe de Correos y su hijo mayor Francisco (Paco) el encargado del transporte de la correspondencia que llegaba y se despachaba desde Arroyito dos veces por semana (distante a 20 km de la Colonia), a través del Ferrocarril Central Córdoba. (18)


Paralelo al crecimiento de la Colonia, se iban suscitando necesidades y fue Don Antonio Colomé quien se ocupó de organizarla administrativamente, (19). Poco a poco se convirtió en el representante de la Comunidad, realizaba las anotaciones de los nacimientos y defunciones, que luego hacía asentar en la oficina civil más cercana. (20).


No solamente le cupo el aspecto civil, sus principios religiosos lo llevaron a impartir catequesis entre los colonos (21). Los sacerdotes venían de tanto en tanto a la Colonia y eran albergados en su casa, entonces, se hacían las ceremonias matrimoniales, comuniones y bautismos, (en las que generalmente oficiaban de padrinos Don Antonio y sus hijos) y, hasta la próxima visita de los religiosos, abuelito se ocupaba de impartir los primeros auxilios cristianos (“las aguas”, a los recién nacidos y a los enfermos).


Adyacente al comercio, Don Antonio construyó una hermosa casa para la familia, la cual estaba dotada de todas las comodidades, iluminada con lámparas y quinqués, y adornada con cuadros religiosos y muebles de estilo. En el patio había frutales y la abuela había hecho plantar una magnolia, la primera flor fue para perfumar su despedida, el día de su muerte, el 25 de agosto de 1928, a la edad de 57 años.


El negocio alcanzó su mayor prosperidad hacia 1908, (22) que condecía con el crecimiento de la Colonia, la que ya tenía un número aproximado de 150 habitantes.


Con el objeto de visitar a sus familiares, embarcaron en 1914 Concepción y Antonio Colomé, con pasajes de primera clase, rumbo a su país natal. La dura etapa de asentamiento como inmigrantes había quedado atrás, ahora, con el orgullo de los logros obtenidos en “La América” viajaban a España, sin saber que sería la última vez.

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18) Paco, además de transportar correspondencia, trasladaba pasajeros y todo tipo de cargas.


19) A pesar que el único cargo público, y con carácter honorífico que desempeñó, fue el de Jefe de Correos.


20) En Villa Concepción del Tío.


21) Convencía a las parejas de criollos, entre quienes gozaba de prestigio y respeto, para que legalizaran su relación.


22) Prueba de ello son las fotografías del negocio y la casa de familia del año 1913 (que abuelito hizo hacer para llevar el año siguiente a España, oportunidad en que pasó una estadía de seis meses en el viejo continente).


Interesado en mantenerse actualizado y conectado con el viejo continente, abuelito periódicamente recibía “La Ilustración Ibérica”, una publicación mensual española que incluía interesantes notas acerca de los acontecimientos mundiales. Don Antonio las encuadernaba y sus hijos, (23) luego sus nietos, se deleitaban con sus cuentos e ilustraciones (24).


Este interés del abuelo por la cultura se trasluce en la preocupación de que sus hijos, alejados de centros poblados, pudieran recibir educación. Para ello, contrataba maestros particulares que alojaba en su domicilio.


Pero su espíritu solidario lo llevó a promover la fundación de una escuela para que de ese modo tuvieran acceso a los conocimientos todos los niños de la Colonia. En 1910 se realizó una colecta vecinal con el propósito de recaudar fondos para la construcción del edificio, de ella se obtuvo un monto de $ 2.400, pero la suma era escasa……abuelito, de su peculio triplicó ese monto (en calidad de préstamo al Consejo de Educación de la Provincia), para que la escuela fuera edificada,. El préstamo ($ 4.800) fue restituido por el Gobierno Provincial en 1922, por ley 3179, cuando le apremiaban las necesidades económicas y después de mucho ambular por los pasillos de la Legislatura Cordobesa.


A la Escuela Maipú, que comenzó a funcionar en el año 1911, asistieron todos sus hijos y muchos nietos de la familia. Abuelito y tía Agustina albergaron luego en su casa, a los nietos que asistían a clases, ya que, a pesar que las distancias no eran tan grandes, las tareas en el campo y los medios de transporte de la época, impedían el traslado diario a la escuela de los alumnos que vivían en la zona rural. Durante muchos años fue el presidente de la cooperadora escolar atendiendo con especial dedicación sus necesidades.

La escuelita de la Plaza fue por mucho tiempo el único establecimiento educativo de la zona y el último emblema vigente de la Colonia, porque si bien desapareció el pueblo, la Escuela Maipú continuó con su labor educativa.

En el año 1978 la Escuela Maipú vivió un día de gloria, el 16 de setiembre, en que se inauguró su nuevo edificio (25). En la ceremonia, una de sus primeras directoras Rosario Valenzuela, (26) en un emotivo discurso recordó la obra de abuelito.


A pesar que en la Colonia no se construyó una capilla o parroquia, el abuelo instituyó a San Santiago de Compostela como patrono del pueblo (luego denominado San Giacomo, o simplemente San Giaco, por imposición de la comunidad piamontesa). Los 25 de julio de cada año se conmemoraba al santo con una fiesta.



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23) Don Antonio y Doña Concepción tuvieron ocho hijos: Francisco (Paco), Catalina, Felix, Antonio (que falleció al poco tiempo de nacer), Antonio (Tonito), Agustina, Reyna y Olimpia.


24) Aún la familia conserva su Biblia, los catorce tomos de la “ Historia de España” de Lafuente, la Historia de América de Cronau , un Quo Vadis, y un ejemplar de edición limitada denominado “Bosquejo de Córdoba”.


25) Beneficiada por el Plan IV Centenario del Gobierno de Córdoba para la construcción de escuelas rurales.


26) Rosario Valenzuela fue Directora entre los años 1931 y 1935.

Cuando el pueblo desapareció, dejó de recordárselo, pero hace alrededor de diez años, devotos de San Giacomo recuperaron la imagen y construyeron una ermita en el patio del colegio. Así, después de tantos años de olvido, fue restituido un símbolo de la Colonia.


En el año 1913 ocurrió un hecho que si bien tuvo su origen en un acontecimiento político del viejo continente, el inicio de los movimientos republicanos en España, alcanzó a la apacible vida de Don Antonio Colomé en la Plaza Deheza, cuando recibió una correspondencia de un militar español que estaba preso por estafa al Estado. Había sido designado por el gobierno de España para comprar armas fuera del país, pero en realidad, este Capitán era un militante republicano que conspiraba contra la monarquía y en vez de cumplir con su misión, se fugó a Argentina y enterró el dinero en la Colonia, en un lugar cercano a la propiedad del abuelo, pero tuvo que regresar a la Península porque su única hija, (27) que estaba en un convento, había enfermado. Por supuesto que al llegar fue apresado. Proponía al abuelo en su misiva que viajara a España, recogiera a su hija del convento, quien tenía conocimiento de donde había enterrado el dinero, la trajera a América y se encargara de su educación hasta que cumpliese la condena y por supuesto compartiría el dinero con abuelito. (28)

El abuelo viajaba al año siguiente a España, pero de acuerdo a sus principios y honestidad, nunca se contactó con ese militar.


La historia de la Colonia General Deheza no tuvo un feliz final. El ferrocarril, que se esperaba tan ansiadamente, finalmente llegó en 1910, pero su camino fue desviado, a cuatro kilómetros de distancia del pueblo, al paraje conocido como ”Sacanta”.

Poco a poco los pobladores de la Plaza se fueron trasladando a las cercanías de la estación de ferrocarril. Mientras General Deheza desaparecía, Sacanta iba creciendo y algunos comerciantes inmediatamente mudaron sus negocios. Don Antonio no vislumbró su ocaso y se quedó en la Colonia. Luego, vino la decadencia económica y tuvo que cerrar el comercio.

Ya anciano y casi ciego, abuelito, ataba al sulky su petiso, que hacía de lazarillo, y salía a recorrer la Colonia. Visitaba a sus hijos y si le prestaban un nieto, se lo llevaba para que le hiciese compañía.


Antonio Colomé llegó a la Argentina cuando ésta comenzaba a insertarse en el mundo. Nuevas culturas se entremezclaban con las estructuras de una sociedad que todavía conservaba resabios coloniales. Fue espectador del surgimiento de dos líderes populares como Alem e Yrigoyen (29) y al final de su vida presenció el nacimiento del populismo, la participación de las masas en los acontecimientos políticos y finalmente la derrota de Perón. Don Antonio murió a los 89 años en la Colonia General Deheza, el 17 de setiembre de 1955. En la ciudad de Córdoba se debatía la Revolución Libertadora, el país, como cuando él arribó, nuevamente estaba cambiando su estructura social.



27) Era viudo.


28) Había anexado a su carta documentos del gobierno y recortes de diarios que demostraban la veracidad de lo relatado, y aún hoy se conservan.


29) Su hijo, Tonito, adoptó esta ideología y se convirtió en un activo representante del partido radical en Sacanta.


Meses después de su muerte, una tormenta arrancó los techos de la casa de los Colomé. Tía Agustina, que aún vivía en ella, puso a San Giacomo en un baúl junto con sus tejidos y labores y otros recuerdos y partió a instalarse a Sacanta (donde ya residían sus hermanas casadas). Parte del mobiliario fue repartido entre sus familiares, otros depositados en el campo de Tonito, algunos también, fueron a parar al corralón, no porque sus descendientes le hayan restado valor, si no que la trascendencia de los objetos y sobre todo, de los seres queridos, se hace más fuerte cuando el tiempo marca la distancia.














Todos los hechos transcriptos son recuerdos, (gratos recuerdos para compartir) que papá una y otra vez contaba, excepto las fechas y otros datos señalados con exactitud que fueron extraídos de documentos públicos consultados con una amiga (Claudia Celiz), en oportunidad de realizar una investigación sobre los pueblos de San Agustín, Colonia General Deheza y Sacanta.




Carmen Inés Colomé de Antonelli

(Córdoba, marzo de 2005)